La novela alrededor de la salida o permanencia de Messi en el Barcelona ha sido tan resonada que en el planeta futbol no se habla de otra cosa que no sean las actualizaciones de este tema.

Messi quiere dejar atrás su primer, y quizás único amor, en lo que se refiere a este bonito deporte.

Mientras que en el seno del Barcelona se traga aceite e incluso ya se despacharon a los abogados del equipo porque aconsejaban a “la pulga” respecto a su salida, a su vez, en el cónclave del jugador se analiza su futuro, desde Inglaterra, Italia y Francia se le hacen mimos al rosarino.

Incluso, durante los últimos días se han gastado toneladas de tinta, horas completas de radio, televisión e internet, sobre si es que se deben “algo” el Barcelona y Messi, y la mayoría concluímos en el mismo razonamiento, no se deben nada, cada quien con su golpe, dicen en mi pueblo.

Sin embargo, de concretarse la salida del astro, sería por la puerta de atrás, algo no merecido en un jugador con un talante único, lleno de virtudes y con escasas limitaciones, quizás la más evidente, la falta de liderazgo.

Desde que dio sus primeros pininos en aquella máquina 87 en Newell’s, llevado por su abuela Celia a los entrenamientos de sus hermanos y hasta que los problemas de crecimiento lo llevaron a buscar en Nuñez una salida a ese padecimiento; lo que deben de pensar en River cuando dijeron no a un jugador que les hubiera dejado varios millones en sus arcas, Messi tiene claro lo que es sufrir por conquistar sus sueños.

Y ni hablar de la llegada a Barcelona, es de todos conocida la historia de la servilleta en la que Carles Rexach le ficha; en ese entonces su familia lo abandona para regresar a la Argentina y seguir con sus vidas ante el mal presentimiento de que no se efectuaría el fichaje.

Messi sabe sobreponerse a los golpes que el futbol manda a quienes quieren dominarlo, pero en su idilio con los blaugranas las formas están rebasadas; es evidente que ni él ni nadie puede estar por encima de la institución, pero también es cierto es que el argentino junto con una camada de jugadores extraordinarios nacidos de la cantera, le dieron al club una de las rachas victoriosas más largas de la que se tenga registro.

Si bien todavía no queda claro el futuro de Messi, si será lejos de Cataluña o seguirá en la ciudad condal, es cierto que esta novela se está excediendo en su trama, y debería de ser más sencillo su final, si se queda, que se quede y que rinda y si no, que se vaya para no volver.

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Fernando Galván