En la actualidad, las bombas nucleares más comunes son de 100 kilotones, 10 veces más potentes que las lanzadas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en 1945; pero hay armas con una potencia hasta seis mil veces mayor, capaces de destruir más que una ciudad en fracción de segundos, afirma Benjamín Ruiz Loyola, académico de la UNAM.

“Dada la magnitud de las armas actuales, las que estallaron en Hiroshima y Nagasaki serían como una resortera contra una ametralladora”, agrega el académico de la Facultad de Química y quien participó en la Comisión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el Monitoreo, la Verificación y la Inspección de Armas de Destrucción masiva en Irak, en 2003.

Se ha avanzado mucho en la firma de tratados contra el desarme, pero no se han hecho los esfuerzos suficientes para que las naciones los cumplan.

“Al estallar estas bombas, la temperatura se eleva a miles de grados centígrados: todo lo que está ubicado cerca se calcina, se derrite; los seres humanos, los seres vivos quedan evaporados; las estructuras se fundirían y dispersarían por la explosión. El material radioactivo llegaría a distancias muy grandes, es verdaderamente atemorizante”, destaca el experto universitario.

La historia de los ensayos nucleares inició el 16 de julio de 1945 en un desierto cercano a Alamogordo, Nuevo México, donde Estados Unidos detonó su primera bomba atómica.

Durante los 50 años que pasaron entre ese fatídico día y la firma del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, en 1996, se realizaron más de dos mil pruebas nucleares en todo el mundo, de acuerdo con la ONU.

Estas explosiones han sido subterráneas -a más de dos mil 400 metros de profundidad y en túneles horizontales-; submarinas -hasta 600 metros bajo el nivel del mar- y también se han detonado bombas en torres, a bordo de barcos, en globos, lanzadas desde aviones y disparadas por cohetes a más de 300 kilómetros de altitud.

La misma ONU señala que en 1996 se fundó la Comisión Preparatoria para la Organización de la Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, conformada por unas 260 personas de los 184 Estados miembros del Tratado, que con apoyos tecnológicos supervisan que no se realicen ensayos nucleares.

Cuentan con el Sistema de Monitorización Internacional, con 337 instalaciones repartidas por el mundo, desde las cuales buscan señales de explosiones nucleares: hay estaciones sísmicas que monitorean las ondas de choque en la tierra; estaciones hidrófonas con las que “escuchan” las ondas sonoras de los océanos, así como estaciones atmosféricas para detectar partículas radioactivas y gases nobles.

Si los datos de las estaciones indican que se ha realizado un ensayo nuclear, un Estado miembro del Tratado podría solicitar que se haga una inspección in-situ para reunir evidencias y evaluar si se ha violado este acuerdo. Sin embargo, esto será posible hasta que entre en vigor dicho Tratado.

Hasta ahora, este tipo de verificaciones sólo se han realizado en Kazajistán, en septiembre de 2008; y en Jordania, en 2014, según la ONU.