Recuerdo cuando decías como te gustaban mis historias. Hoy tu eres quien escribe. Y yo, en honor a ti, no me detendré.

Nunca entenderé que querías de mi, no soy sabio, no soy listo, no soy nada en realidad y ya nada me impide serlo. Me idealizaste tanto, y tanto fue lo que te decepcioné. Pero jamás supiste lo que buscabas en mi: un amigo, un confidente, un protector o un toro enamorado de ti.

Hoy, recordando mi camino, pasaste tu. Luna de cuatro encuentros, satelite que gira sobre otros planetas y que no quiero que vuelva. Descubrí que me gusta verte girar con libertad en el espacio por toda la Vía Láctea.

Yo siempre supe lo que quería de ti. Te quiero a ti. Y pese a lo pasado, te quiero, desde lejos, mucho, pero mucho en ambos sentidos: lejos y en gran cantidad.

Tanto que este canto te llegará, siguiendo las normas de la física, en muchos años, pues son años luz los que nos separan.

Yo no soy una luna ni un astronauta, soy un polvó cósmico que se entregó al sol y que sin rumbo no sé en qué lugar terminaré, pero sé que terminaré por evaporarme y convertirme en nada y en todo.

Como eres una luna, tienes órbita, y de vez en cuando pasas cerca de mi campo visual, y cada que te veo girar y levantar marea… no siento más que una gran alegría.

Estoy confiando en que jamás escucharás mi voz, en que esto ya no lo leerás, es un mensaje perdido entre la materia oscura, perdido entre tantas ondas gravitatorias. Pero aún así…

Luna, bella luna de ayer. Brilla, brilla.

Abraham Arreola
Twitter: @abarreola7