Fernando Galván, periodista especializado en deportes, negocios y mercadotecnia, cuento con 7 años de experiencia medios. Egresado de la tres veces heroica FES Acatlán.

Hablar de Carlos Vela es sumamente complicado, existen posturas encontradas respecto a un jugador que en la mayoría de los parámetros, es muy diferente al genoma del futbolista mexicano.

Para analizarlo, debemos de separar las condiciones técnicas, su personalidad, sus decisiones, vaya, prácticamente debemos desdeñarlo y después intentar armar el cuadro completo.

En lo que refiere a su futbol, poco hay que decir, sin temor a equivocarme, se trata de uno de los jugadores con mejores recursos del balompié nacional, veloz, técnico, lector como pocos de lo que pasa adentro de la cancha, pensante, rápido de decisiones; en pocas palabras, sumamente completo.

A partir de ahora viene lo complicado, lo difícil e incluso incómodo para un romántico como yo (al menos en el futbol), hablo de sus decisiones. Recuerdo a las mil maravillas donde estaba, qué hacía y con quien estaba ese dos de octubre de 2005, es más, debería escribir una columna sobre esa anécdota, pero por ahora no importa mucho.

Recuerdo ver la televisión y por primera vez ví ganar a una selección algo que no era local, la Copa de Oro por aquel entonces no significaba gran cosa y ya habían pasado seis años de la Confederaciones en casa. Lo que más me alegró de ese momento fue ver que jóvenes de mi edad ganaban algo y en automático me creí capaz de lograr salir avante frente a momentos de alta exigencia.

Entonces llamó mi atención Vela, todo el mundo se fue con la finta de Giovanni, pero me agradaba más Vela, y entonces me interesó su carrera; verlo llegar al Arsenal y ser pulido por Wenger era una ilusión de estar frente a una joven promesa mexicana.

Todos sabemos el recorrido de Vela por Europa, su paso por selección y de repente, adiós Carlitos, nos dijo hasta pronto y fue martirizado, el tiempo es sabio y le dio la razón, detectó el aquelarre que es el tricolor y se hizo a un lado.

Regresó cuando sabía perfectamente que la demanda hacia su persona no sería la misma y sencillamente disfrutó de un Mundial al que solo se fue para la anécdota.

EL PUNTO DE QUIEBRE

Una vez enterados de que Vela jugaría en Estados Unidos se armó otra polémica alrededor de una decisión propia, leal y congruente con su forma de ser e incluso de jugar, se volvió a alejar de la presión y se conviritió en la referencia del LAFC, así de fácil.

Vela es complicado y diferente, tal y como son los cracks, tiene condiciones de sobra para seguir jugando los años que él quiera, ya sea en Estados Unidos o México, pero es algo que sólo lo decidirá él, no se debe a las masas y sencillamente hace su trabajo.

Muchos futboleros no están de acuerdo con su modo de ser porque saben que esas piedras preciosas no abundan por nuestras canchas, no cumplió el sueño de los demás y se dio el lujo de darle la espalda a la vela perpetua llamada selección nacional.

Carlos, si tan solo te hubiera gustado el futbol, otra cosa hubiera sido, si tan solo te ilusionaras con la selección, otra cosa se hubiera logrado, si tan solo hubiera más como tú…

¿Qué opinas al respecto?, conversemos sobre el tema: @Pepec_86 en Twitter

Fernando Galván