Salvador González es Ing. Industrial con posgrado en Marketing y Logistica. Escritor y autor del libro “En mi mente sigo jugando fútbol” y columnista en el periódico “Plaza de Armas”.

Aún no comenzaba el torneo y ya se percibía lo difícil y crudo que sería esa travesía para el cuadro queretano y para sus seguidores. La venta que hizo el grupo Caliente de la franquicia queretana sin jugadores a un grupo de empresarios, dio pie a que de un día para otro, una camada de jugadores de la división de ascenso diera el salto al futbol más exigente de nuestro país para defender la casaca azul y negra; y pasar a esto después de pensar torneo a torneo en mejores refuerzos, sin duda es un retroceso en todos los sentidos. Después de unos años en los cuales se gozó de certidumbre de la mano del grupo Imagen, la afición queretana ha vuelto a recibir una dosis de realidad que los sitúa nuevamente como seguidores de un equipo con tintes gitanos, con jugadores sin cartel y una planeación deficiente. Pero, a pesar de eso, a pesar de los nubarrones, el aficionado sigue ahí. Sigue poniendo el pecho. Sigue sacando fuerzas y energías para apoyar a su equipo. A pesar de todo, el aficionado sigue soñando.

¿Y, de donde viene esa fuerza? ¿De dónde viene esa energía? Viene de algo muy dentro de él. Esa energía se alimenta de sueños y es inherente al ser humano.

A pesar de la temporada larga y sufrida que se vislumbra para los Gallos Blancos, el aficionado sueña.  Y es que todos tienen derecho a soñar… y mientras la pelota este rodando, todo puede pasar. Fe, así se le llama.

La palabra “FE” proviene del latín fides, que significa ‘lealtad’ o ‘fidelidad’ y como tal, es un sentimiento de total creencia o asentimiento en relación con algo o alguien y, como tal, se manifiesta por encima de la necesidad de poseer evidencias que demuestren la verdad de aquello en lo que se cree. Esto, en el futbol, se puede resumir a que aun sin haber jamás probado las mieles del triunfo y sobre todo, teniendo pocas o nulas posibilidades para lograrlo, el aficionado sigue con la esperanza de poder disfrutarlo.

El apoyar a un club pequeño que rara vez opta por competir por el título es algo en lo que los queretanos se han graduado y han hecho maestría. La afición del mundialista estadio La Corregidora estuvo acostumbrada mucho tiempo a esa lucha eterna por el no descenso y eso de alguna manera ha pulido su armadura para la batalla y sí, eso es desgastante; pero, ser parte de una lucha eterna te deja también cosas muy buenas: el sacrificio, la superación, la entrega, la pasión… hemos aprendido que los éxitos con sufrimiento son más gloriosos.

A pesar de las irrisibles cosas que nos brinda la liga; como aficionados, cada inicio de torneo es una oportunidad de volver a creer, de renovar la Fe y la esperanza de que, en esta ocasión, por fin seremos testigos del triunfo añorado. Lo equipos grandes tienen el poderío económico y mediático para contratar estrellas como refuerzos, pero los equipos pequeños no. Los pequeños compran lo que les alcanza y así se juegan la vida, y esto no siempre es malo. La necesidad y la austeridad (palabra muy famosa en estos tiempos), nos hacen creativos y muchas veces nos llevamos grandes sorpresas. 

El que Gallos Blancos tenga un equipo plagado de jugadores sin nombre y que vengan del ascenso parece de inicio una clara desventaja; pero esto deberá convertirse en la principal baza e identidad del equipo. La intensidad con la que se disputa cada balón en la liga de ascenso, el morirse corriendo, al agobiar al rival y el morder en cada rincón de la cancha debe ser el sello distintivo de estos Gallos. Y así lo deben entender los jugadores, deben aprovechar, valorar y disfrutar de esta oportunidad única para mostrarse en el máximo circuito sin la presión del descenso. El escritor estadounidense Ernest Hemingway en su libro “El viejo y el mar” nos dio una alegoría perfecta para esto, en la cual un viejo pescador (del cual ya nadie esperaba nada), usando sus limitados recursos, da, disfruta y valora una última batalla épica contra el mar y el pescado que tanto soñó pescar. Estoy seguro que ninguno de los jugadores del cuadro queretano quiere volver a pisar esa división de ascenso; para muchos esta es su última oportunidad de mostrarse y de convertirse en lo que soñaron: deben pelear cada partido como si fuera su última batalla.

Los grandes equipos no pueden darse el lujo de traer a un desconocido o apostar por algún jugador de la liga de ascenso esperando que rompa la liga, ellos traen figuras porque ellos viven de resultados…  nosotros de esperanza.

Y esa, es la última que muere.

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Salvador González
@escritorsga

Imagen de portada: @PattoKaczka